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El Rastro, imperdible de Madrid

¿Domingo por la mañana en Madrid? Entonces andá a El Rastro.

Pero antes sacate de encima ese Rolex y otros tributos que has pagado a la cholulez, mirá que El Rastro no será como un mercado popular centroamericano en materia de seguridad, pero igual que en Tristán Narvaja, te tenés que cuidar. La situación no es demasiado diferente a las precauciones que debés tener en el Porta Portese de Roma, en Portobello de Londres y hasta en Waterlooplein de Amsterdam. Sin contar, naturalmente, con San Telmo que es otra feria imperdible, en Buenos Aires naturalmente.

Tristán Narvaja es también un paseo, pero ni remotamente está estructurado como tal. No puede decirse lo mismo de El Rastro, que se viene perfeccionando desde hace al menos un cuarto de milenio, mal que les pese a las sucesivas autoridades. Dicen los madrileños que es una herencia árabe, donde los zocos son una institución en cualquier ciudad; pero no es mi punto de vista pues los hay hasta en ciudades donde nunca hubo moros ni en la costa. Es el caso de Taiwán que tiene increíbles ferias nocturnas.

Lo que sí es frecuente, y El Rastro no es la excepción, es que estas ferias populares se instalaran en las proximidades de alguna de las puertas, fuera de las ciudades amuralladas. Hasta en Montevideo ocurrió eso y es el antecedente nada menos que de nuestra Plaza Independencia. En Munich, una de las puertas se llama Karl Platz, pero el nombre no recuerda ningún rey, sino al más notorio de los comerciantes que se instalaba ahí.

Ciertamente, estas ferias, mercados de pulgas o lo que sea, son el máximo jolgorio de la informalidad, a veces de la venta clandestina y por momentos del mercado negro y peores cosas. Pero no es el caso de El Rastro. En este lugar no encontrarás los dos impresionantes cuadros de Hyeronumos Bosch, El Bosco para sus amigos, pues esos están en el Museo de El Prado y tampoco deberías permitirte ignorarlos. Pero ya tendrás tiempo de ir a los museos, hoy, domingo de mañana, es el momento de El Rastro. Si llevaste mate, ensíllalo y dale.

Algunos van a comprar barato, otros a comprar raro y otros más a escuchar a los músicos ambulantes y a “pasarla bomba” con madrileños y turistas de todo el mundo que deambulan sin apuro entre tiendas que venden lo mismo que en Tristán Narvaja, pero todo legítimamente europeo y hasta con suciedad europea. Arrancá en la Plaza de Cascorro y apróntate  para caminar hasta la Puerta de Toledo.  Prestá atención a la artesanía y tené cuidado con los electrónicos, pues garantía no tenés ninguna; esto es puro folklore, tené en cuenta que estarás viviendo una experiencia ancestral que se afirma en el Medioevo, o quizás antes.

Los mercados populares son anteriores, claro está, a la voracidad fiscal de las intendencias. Anteriores al IVA, son del tiempo en que sólo se pretendía abastecer a la gente elaborando mercadería o trasladándola, para que los consumidores decidieran si el esfuerzo productor valió la pena.

Te puede interesar la ropa militar, o las pinturas actuales o con apariencia muy antigua (apariencia, dije). ¿Y si te encontrás un Goya? No digas nada y tampoco le preguntes a un experto para que no te arrebate una ilusión; ponelo en el living y pavonéate con tus amistades. Son ellos quienes tendrían que probar falsedad.  Sin perjuicio de eso, hay excelentes acuarelas y antigüedades verídicas, de cuadros generalmente con temas de caza o marinas.

Empujado vas por la calle de San Cayetano, que es donde están los pintores. Y luego sin saber cómo, estás de nuevo en la calle Ribera de los Curtidores donde la mercadería viene de música. Dice la web oficial de El Rastro, que la calle Fray Ceferino González es conocida como la de los pájaros, pues aquí era donde se vendían mascotas. Es como un Arca de Noé de pobres animalitos.

Después están los libros y objetos de ocasión, desde postales antiguas hasta lujosas  enciclopedias que cayeron en desuso por la competencia de la información actualizada y seria que cualquiera  encuentra gratis en internet. Están en la calle de Carlos Amiches y en las proximidades,  en la calle de Rodas y la plaza Vara del Rey, verás películas antiguas, animés japoneses de colección, discos long play y naturalmente, algo de pornografía semi oculta entre la oferta.

Ya sé, te dio hambre y querés descansar un poco. Pues bien, en los alrededores encontrarás tabernas y tascas que tienen la particularidad de no ser de las más caras y, en cambio, tener excelente oferta. Lo cual es redundante, porque hay que ser muy desafortunado para comer mal en Madrid.  Cañas y tapas, abundantes y ricas, las encontrás en La Latina, cerca de la Plaza de Cascorro. En la Puerta de Toledo, está el bar Los Caracoles, donde se especializan justamente en eso. Es buen momento para que los pruebes así no pasás papelones cuando en un restaurante de cinco tenedores te sirvan un plato de escargots como un agasajo por todo lo alto.

No es la única manera de llenar la panza, te puede resultar más divertido  entendértelas con algún vendedor de chufas, altramuces y frutos secos con los cuales te cruzarás en todo el recorrido.  En fin, si no sabés lo que son, guíate por el olfato, que falla menos que la vista. Y no te preocupes, que no es como en Colombia donde, si te descuidás, terminás comiendo hormigas vivas. A mi me pasó, y qué querés que te diga, no me disgustaron pero hay que evitar que se te escapen por las mejillas. Capaz que los mexicanos usan bigote (ellos también las comen) para mantenerlas a raya mientras se las manducan.

¡Ahhh! ¡Querés un chorizo al pan de esos que en Tristán Narvaja hay que comer de pata abierta para no ensuciarse los pantalones con todos los menjunjes que pediste! Sonaste, acá ni siquiera entenderán qué cosa es la que querés comer.

Los orígenes. El Rastro de Madrid funciona los domingos y días festivos en el centro histórico de la ciudad, en el barrio de Lavapiés, en la cuesta de la Ribera de Curtidores. Lo cual quizá te diga poco, pero el taxista te llevará seguro. Se llama El Rastro, porque cerca de allí funcionaba antes un matadero, donde luego de sacrificarlas arrastraban a las reses que dejaban tras sí un horripilante rastro de sangre.

Si vamos al caso El Rastro es ilegal y muchísimas veces las autoridades intentaron erradicarlo, con los resultados que tenés a la vista. Así que más bien se lo fue tolerando e imponiendo pequeñas regulaciones, todas ellas resistidas por los puesteros. Tomate el trabajo de mirar la web oficial de los comerciantes y verás que están en constante alerta de guerra contra cualquier intento de modificar la actual situación. Si te hace acordar a lo que ocurre en Montevideo, no creas que es casualidad. Son unos 3.500 puestos y toda una antiquísima tradición, ¡andá a meterte con eso!

Además, o se los toleraba allí o había que bancarlos en plena Plaza Mayor y en la Puerta del Sol. En 1599 se prohíbe terminantemente “vender cosa suya ni ajena, nueva ni vieja, grande ni pequeña, de día y de noche, en ninguna plaza ni calle de toda esta Corte”. ¿Te quedó duda? Así de tajante, de vender y comprar ni hablamos.

No hay cosa peor que tratar de prohibir cosas que no se pueden impedir. ¿Qué iban a hacer? Matar a todos los madrileños que no eran aristócratas. Y entonces, ¿quién les servía el desayuno? Además, también a los aristócratas les gustaba ver en acción a los organilleros, titiriteros, prestidigitadores y otros especialistas en distraer a la gente a cambio de algunas monedas. Igual que ahora.

El subterráneo te lleva a El Rastro con las líneas 3, 5, 1 y 2. También los autobuses municipales. Funciona entre las 9 y las 15, solo domingos y feriados, como ya dijimos.

Y acá te damos la descripción puntillosa de las áreas comerciales, que alguien colgó en la Wikipedia:

  • La calle Fray Ceferino González es conocida por la calle de los Pájaros debido a la venta antiguamente ambulante de animales de compañía y de aves o de artículos para su cuidado. Esta calle congregaba la venta de animales, pero desde la disposición municipal del año 2000 sólo se pueden vender animales en las tiendas de la calle.
  • La calle de San Cayetano, conocida también por la calle de los Pintores por sus locales no ambulantes destinados a la venta de óleos e ilustraciones o artículos para la práctica del dibujo y la pintura
  • La calle de Rodas y las plazas del General Vara del Rey (antigua del escritor Antonio Zozaya) y de Campillo del Mundo Nuevo: todas ellas especializadas en la compra venta de revistas, cromos, estampas y juegos de cartas coleccionables, donde es frecuente ver a niños intercambiándolos.
  • La plaza del General Vara del Rey, además, ofrece gran cantidad de puestos de ropa de segunda mano.
  • La calle del Carnero y la de Carlos Arniches, donde los bouquinistas ofrecen libros de viejo, de ocasión o de colección. Puestos temporales de libros (nuevos, de ocasión o para coleccionistas) se instalan también en el amplio Campillo del Mundo Nuevo.
  • La Plaza de Cascorro está especializada en la venta de ropa underground y accesorios.

Fuentes de datos e ilustraciones

http://www.elrastro.org/

http://elrastropuntoes.org/

http://es.wikipedia.org/wiki/El_Rastro_de_Madrid