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Cuando la Semana Santa va muy en serio

 
Si sos católico practicante, El Ferrol es el lugar adecuado en Semana Santa.
Uruguay en cambio debe ser el menos indicado, a menos que seas ciclista, jinete, folklorista, bebedor de cerveza, cazador o acampante, pues acá cualquier pretexto es bueno para relegar a un segundo plano el verdadero significado de la Pascua. Y no seamos injustos pues el laicismo no impide la devoción, le agrega valor, pues cuando se la practica no se lo hace por hábito sino de corazón.  En fin, la Semana será Santa, pero el resto del mundo tampoco escapa a su moderno contexto turístico, por más que en este caso coexista con una conmovedora muestra colectiva de Fe.
Hacia allá marcharon algunos de mis  colegas de los suplementos turísticos de los diarios del GDA, invitados por las autoridades de aquella ciudad del norte de La Coruña, empeñadas en que esta conmemoración religiosa sea declarada “Fiesta de Interés Turístico Internacional”. Ofició de guía mi querida amiga Lyng-Hou Ramírez, una excelente fotógrafa que supo desviar a los colegas -no sin trabajo- del camino de perdición que siempre es la gastronomía gallega y los antros repletos de gente amistosa a reventar.
La nota y las fotos que hoy publicamos, son de Alberto Revoredo, de El Comercio de Lima.

Hasta el Ayuntamiento de Ferrol habían llegado las principales autoridades de esta ciudad española, situada al norte de la provincia de La Coruña, en Galicia. Tras la ceremonia de bienvenida, presidida por el alcalde, los medios internacionales invitados a presenciar las celebraciones por Semana Santa –entre ellos *El Comercio*– tuvimos oportunidad de conversar con algunos de los actores.

¿Qué hace tan especial a esta conmemoración religiosa? ¿Qué la distingue de otras celebraciones de este tipo, realizadas en España o e incluso en el mundo? Un primer indicio nos lo dio el Hermano Mayor de una de las cofradías, al convertir una hierática conversación en una confesión de fe. Mientras me hablaba de las actividades programadas, el hombre comenzó a narrar la forma como una niña ensayaba unos cánticos la noche anterior. Visiblemente conmovido, el hermano mayor olvidó la ceremonia protocolar y rompió en llanto al recordar la emoción de la pequeña.

Contrariamente a lo que pensábamos, pudimos apreciar –desde el pasado miércoles–, que en muchas ciudades españolas no solo se mantienen intactas muchas celebraciones católicas, sino que se viven con verdadera pasión, sin importar si llueva o truene. Las Cofradías se preparan todo el año para estos días, en que las procesiones se convierten en el clímax de una muerte y resurrección anunciada. En ellas, los personajes que más llaman nuestra atención son los llamados capuchones, a quienes apenas si vemos los ojos. Hay algunos que incluso van con los pies descalzos, soportando el frío y el aguacero. Otro punto interesante es el uso de gaitas para acompañar a los cargadores, un instrumento musical que acerca más a esta ciudad a sus vecinos del norte que a una tradición flamenca.

Para el turista –al margen de la fe que profese– la Semana Santa Ferrolana es también una excelente oportunidad para conocer las diversas expresiones culturales y propuestas turísticas de este pueblo naviero, marcado por su historia, sus desoladas playas y celebrada gastronomía. Cabe señalar que nuestra visita coincide con el esfuerzo que se viene haciendo en Ferrol, para que su Semana Santa sea declarada como “Fiesta de Interés Turístico Internacional”.

 

Para más información sobre la Semana Santa Ferrolana visite: www.semanasantaferrol.org.