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Caminando por la cornisa

Como para curarse el vértigo o agarrarse el mayor susto de la vida.

Te garantizan un horrible momento de pánico y solo te cobran 175 dólares. ¡Pero mirá que es loca la gente!

Esto ocurre en Toronto, donde la Torre “CN”, elevada 553 metros, se ganó el derecho de ser la cuarta torre más alta del mundo, un alarde de la ingeniería, capaz de asimilar huracanes de 420 kilómetros por hora, terremotos de hasta 8,5 grados y el ataque de descargas eléctricas de cualquier magnitud. A propósito, sobre ella caen 76 rayos cada año, pese a lo cual, ningún intrépido resultó achicharrado.

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Pues bien, en esta torre instalaron una atracción para la cual hay que anotarse con anticipación pues, como podés ver en las fotos, es limitada a seis la cantidad de aventureros autorizados en cada partida. La denominaron Edge Walk y la instalaron a 356 metros de altura, en una “vereda” de apenas un metro y medio, ubicada en uno de los cuatro miradores de la construcción.

Por si se te ocurre invertir en una atracción semejante para nuestra Torre de las Comunicaciones, acá tenés la web oficial para hacer los contactos e informarte un poco más: http://www.edgewalkcntower.ca/ . Los usuarios se tienen que poner un traje especial y tan colorido como para que se los vea desde la calle, además de un arnés que lo sujeta a una guía de acero mediante cables que, por las dudas, aguantan hasta el peso de un autobús.

Antes de ponerte el traje, deberás quitarte todas las prendas sueltas, relojes, joyas y todo lo que pudiera caerse y hacerle un agujero en la cabeza a algún peatón. El paseo incluye una caminata de media hora y es precedido por un breve curso donde les hacen todas las recomendaciones y seguramente detectan que no se les haya colado un suicida en serio, cosa frecuente en los edificios tan altos.

La atracción está disponible entre los meses de mayo a octubre, exceptuando al crudísimo invierno de Toronto. Prudentemente, suspenden las exposiciones al exterior, durante los momentos de vientos demasiado fuertes o tormentas eléctricas.

La Torre Nacional de Canadá recibe unos dos millones de visitantes cada año para disfrutar de la vista, cantidad a la que desde el año pasado se suma esta aventura incomparable. Fue construida en 1976 por la compañía Canadian National, para demostrar su capacidad en la industria de la ingeniería. En 1995 pasó a ser propiedad de la Canadian Lans, una corporación dedicada al negocio inmobiliario.

Además de la atracción del paisaje en una ciudad caracterizada por su belleza arquitectónica, la Torre CN tiene un Café “Horizontes” que ofrece cenas informales, pero en el Restaurante 360, ubicado a 351 metros de altura en una plataforma que realiza una rotación completa cada 72 minutos, podrías tomar una estupenda cena en el exacto tiempo de una vuelta completa a la ciudad. El restaurante tiene una carta de vinos muy completa y, si lo tuyo es la estética avanzada, podés visitar allí mismo la Galería de Arte de Ontario.

Cuando termines tu visita, no dejes de mirar en la altura el impresionante espectáculo casi siempre presente, de los limpiadores de vidrios externos colgados en el vacío, seguramente el empleo que no será el más peligroso si se toman precauciones, pero ciertamente será uno de los más alucinantes. Según me dijeron, solo los emigrantes mexicanos se animan a colgarse a esas alturas.

Y cuando te aburras de la altura, no dejes de bajar al mundo subterráneo que tiene esta fantástica ciudad donde viven tantos compatriotas. Debido al riguroso clima invernal, en el mismo nivel en que funciona el subterráneo, con varios pisos, hay galerías interminables por las cuales discurre un inesperado y masivo tránsito de peatones. Te esperan comercios de todos los rubros, restaurantes, cafeterías y hasta plazas techadas para tomarte un descanso.