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Ese país llamado Vaticano

No es una nación, pero es un Estado. No hablamos de la Santa Sede, sino de la Ciudad del Vaticano, que no son lo mismo.

Hoy comienzan las reuniones preparatorias para el Cónclave de Cardenales, la asamblea de pares que deberá elegir al sucesor de Benedicto XVI. Las reuniones preparatorias se realizarán en el Aula Nuova del Sinodo, un lugar moderno con todas las comodidades y tecnologías; pero el Cónclave se tendrá lugar en la impresionante Capilla Sixtina, como ocurre desde hace siglos. No siempre fue así, la Cristiandad también tuvo otras sedes circunstanciales y, curiosamente, llegó a existir más de una sede del Papado, por ejemplo, en Aviñón. Pero aunque apasionante, esa es otra historia.

Aula Nuova del Sinodo

No menos apasionantes son las características de un país donde quienes nacen en él no adquieren el derecho de ciudadanía; para ser “vaticano” (ese es el gentilicio) hay que ser escogido.  En la Ciudad del Vaticano habitan  492 personas según la Wikipedia, pero se reconocen 572 ciudadanos. El nombre del enclave viene del Monte Vaticano (probablemente del latín “Vaticinĭum”: predicción; pues antiguamente la colina era la sede de un  oráculo etrusco o tal vez del nombre de un poblado del mismo origen  (Vaticum).

 

Antes de profundizar un poco sobre todo esto, harías bien en darle una recorrida a la web oficial del Vaticano (http://www.vatican.va/phome_sp.htm) y contemplar, no solo el video también oficial, sino también los comentarios que suscitó hasta ahora, como curiosidad y para asentar las ideas o prejuicios propios.

Imagen de previsualización de YouTube

http://www.youtube.com/watch?v=GkOOKSDFUH8

 

¿Qué tan independiente de Italia es el Vaticano? Es tan absolutamente independiente, que las webs oriundas del Vaticano tienen el dominio “.va”, los teléfonos el código +379 y la letra V identifica la procedencia de sus automóviles. Y acá no hay ni hubo “guerra de patentes”. El Tratado de Letrán, firmado en 1929 llevaba las cosas al extremo de que la policía romana no podía ni pisar  suelo vaticano, cuya vigilancia correspondía a la Guardia Suiza. Hoy la cosa se aflojó un poco y ambos cuerpos de seguridad cooperan, especialmente para que no se utilice al Vaticano para zafar de la justicia italiana.

Una recomendación para los que vayan a Roma y se les ocurra pasarse de listos con los Guardias Suizos: ojo que están entrenados rigurosamente, y el papado no los eligió por solteros o vistosos, sino porque tenían fama como guerreros, cosa que demostraron en reiteradas ocasiones históricas, como veremos en la segunda entrega.

Si será independiente el Estado Vaticano, que hasta emite moneda. Aunque el Vaticano no pertenece a la Eurozona, la tradición y su unión  monetaria con Italia, le dan derecho de emisión, aunque limitada a un millón de euros anuales.  Antes tuvieron la Lira Vaticana y ahora emiten el Euro Vaticano, con valor de circulación ilimitado. Llevan la efigie del Papa vigente y la insignia “Cittá del Vaticano”, con las 12 estrellas de la Unión Europea y el año de acuñación. Es decir, que cuando nombren al nuevo Papa, el Vaticano ordenará la acuñación de nuevas monedas, que nadie utilizará para comprar chocolatines, sino que tendrán un gran valor numismático. Esa es justamente alguna de las formas que tiene este estado de solventar sus costos; no logra la independencia financiera total, pero se acerca bastante a pesar del boato de que se acusa a las jerarquías eclesiásticas.

Mapa, vista de los jardines y “Casa de Gobierno” del más pequeño Estado del mundo.

De manera que por si fuera poca su responsabilidad como conductor de la cristiandad en su rama mayoritaria, el Papa también es un Jefe de Estado y en algún momento hasta debió ser general del ejército que defendía su soberanía.

Como país soberano, el Vaticano tiene embajadores en los 117 países que reconocen oficialmente al Estado Vaticano y a la Santa Sede. Entre los países que no lo reconocen, figuran China, Corea del Norte, Vietnam y Arabia Saudita. Es el Nuncio quien ejerce la función de Embajador y normalmente reside en las nunciaturas apostólicas, extraterritoriales como todas las embajadas y con todos los privilegios e inmunidades que se otorgan a los representantes diplomáticos de otros países. Pero como todas las cosas que se vinculan con la Fe, siempre hay misterios. Por ejemplo, el Nuncio que suele ser el “decano” o sea el que goza de precedencia protocolar entre los embajadores, no representa a la Ciudad-Estado del Vaticano, sino a la Santa Sede. Y otra curiosidad: quienes ejercen responsabilidades diplomáticas en estas nunciaturas, automáticamente son considerados “ciudadanos” vaticanos, aunque hipotéticamente no hayan viajado nunca a Roma. Dejan de ser ciudadanos cuando se retiran.

En azul y en el centro, los vastísimos Estados Pontificios antes de la Unificación de Italia, durante uno de los períodos más difíciles para la Iglesia Católica.

Así que Roma, la capital de Italia, alberga en su seno a un énclave de 44 hectáreas, con lo que viene a ser el país más pequeño del mundo y el único cuya lengua oficial es el Latín, además del italiano. Vagamente puede ser considerado país, pero no nación, pues sus ciudadanos y habitantes no tienen una tradición, lengua y cultura común; más bien conforman la comunidad más cosmopolita del planeta.

Castel Gandolfo, algo más que un lugar de descanso

La Ciudad del Vaticano es tan pequeña que la basílica y la Plaza de San Pedro representan un 20% de su superficie. La condición de Estado vaticano se extiende a otros edificios y lugares tanto en Roma como en el resto de Italia. Tal es el caso del palacio de Castel Gandolfo con sus jardines cuya extensión de 55 hectáreas excede el tamaño del Vaticano propiamente dicho. Su jurisdicción es extraterritorial referente a Italia, como también lo son las basílicas patriarcales de San Juan de Letrán, Santa María a Mayor y San Pablo Extramuros, así como varios otros edificios en Roma, como la Cancillería Apostólica, el palacio de San  Calixto en el Trastévere, la Curia General de los Jesuitas, el Vicariato y el palacio de Propaganda Fide.

No te olvides del Centro Televisivo de Santa María de Galería, porque como bien sabés, este singular país tiene la Radio Vaticano y la CTV (Centro televisivo vaticano), además del internacionalmente prestigioso periódico L’Osservatore Romano. En materia de telecomunicaciones, se destaca un muy moderno  servicio telefónico completamente independiente, con la singularidad de que no se asegura la confidencialidad del servicio.

A pesar de su reducida dimensión, la ciudad cuenta con una estación de ferrocarril y con un helipuerto. Entre los museos vaticanos se destacan el Museo Gregoriano de arte egipcio y etrusco, el Museo Pio Clementino, el Museo Charamonti y la impresionante Pinacoteca Vaticana, sin mencionar los tesoros artísticos de su arquitectura.

¿Querés hacer algo realmente fuera de lo común en el Vaticano? Averiguá dónde y cuándo y andá a ver un partido de futbol de la Copa Clerical, donde juega la Guardia Suiza integrando la Selección de Fútbol de la Ciudad del  Vaticano y otros cuadros integrados por religiosos y guardias de los museos. La Copa Clerical se disputa desde febrero del 2007.

También podrías darte el gusto de comer como un Papa, adquiriendo el libro disponible junto con las medallas y otros recuerdos, donde se hace un recorrido histórico por las recetas de la cocina vaticana, desde las preferencias del primer papa hasta el que termina de renunciar, incluyendo el sucinto pero impresionante menú de la Ultima Cena. La Wikipedia no incluye muchos datos sobre este libo, pero aclara que tiene datos curiosos sobre algunas de las recetas que se inventaron en este Estado que no siempre fue tan pequeño.  Tal parece que la Salsa Verde es justicieramente también llamada Salsa Vaticana. También vaticana es la salsa carmelita y la cocción al Baño María. Trae también mucha información sobre el protocolo a la hora de comer en tan sagrada compañía.

La Capilla Sixtina por fuera, la “fumata nera” y el imponente interior con los frescos de Miguel Angel.

Ni qué decir que durante el Cónclave no podrás visitar la Capilla Sixtina, esa proeza de Miguel Angel, pues allí estarán reunidos los cardenales, pero todos estaremos atentos al exterior de un edificio que por fuera no dice mucho pero cumple cabalmente su misión de albergar los frescos más importantes de toda la humanidad. En su cima una pequeña chimenea tiene como función anunciar el resultado de las votaciones. La “fumata nera”, producida al quemar las papeletas junto con ingredientes no revelados, indica que no se consiguieron los dos tercios necesarios para lograr un resultado válido.  Por el contrario, la votación válida será anunciada con una “fumata bianca” y tendremos nuevo Pastor Supremo de la Iglesia Católica y Jefe de Estado de la Ciudad del Vaticano.

Los cardenales dirigiéndose al Cónclave en Aviñón.

El término cónclave procede del latín “cum clavis”, es decir, bajo llave, pues durante la asamblea los cardenales están en condiciones de reclusión y aislamiento del mundo exterior para asegurar un resultado en el plazo más breve posible y para evitar incidencias o consecuencias en el mundo exterior. Juan Pablo II mitigó un poco el rigor de las condiciones de aislamiento y estableció que durante el Cónclave, los electores pueden residir en la Casa de Santa Marta, una residencia construida al efecto en 1996.