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Palacio da Pena

 

¿Vos te imaginás a Mujica saliendo con su Fusca de un palacio como éste?

Pero, ojo con la politización; tampoco te lo podrías imaginar a Sanguinetti, ni a  Lacalle ni a ninguno de todos nuestros presidentes constitucionales. No porque sus gobiernos carecieran de dinero para construirlo, porque mirá que los reyes portugueses que mandaron edificar esta monstruosidad no cobraban más impuestos que los que pagamos nosotros. Lo que pasa es que en una república hay otras prioridades y en eso coinciden también todos los partidos.  Contratar al triple de empleados públicos que los necesarios –por ejemplo– con la tonta ilusión de que ellos podrían en el futuro votar a quien los contrató. ¡¡¡Juás!!!, como ahora se expresa la risa en los mensajes de texto.

 

La Wikipedia nos ilustra haciendo la precisión de que lo mandaron construir Fernando II de Portugal y su esposa, la reina María II de Portugal, apenas en 1836, de manera que no tiene el lustre de la antigua antigüedad, pero ¡qué derroche!, ¡qué loca mezcla de estilos!, que inutilidad paradójicamente capaz de generar tanto tiempo después, una corriente turística que compensa todos los gastos y todos los sacrificios. ¿Le discutieron la iniciativa a Fernando II tanto como ahora discuten el puerto de aguas profundas o en su momento el puente entre Colonia y Buenos Aires o las leyes de forestación?

¿Tas loco? Los monarcas de aquellos tiempos no consultaban al pueblo y la gente ni siquiera se lo planteaba… hasta que terminaban con la paciencia de los súbditos y  pasaban la aristocracia  por la guillotina. Y ya que estaban, guillotinaban a muchos más, porque eso se sabe cuándo empieza pero no cuándo termina. En fin; podríamos seguir con esto hasta agotar la paciencia de todos, pero lo que importa  destacar es que hoy estas cosas son absolutamente imposibles. Ni los gobiernos democráticos pueden construir algo tan descomunal ni los líderes religiosos recolectar tanto como para mandarse una catedral o una mezquita; apenas lo suficiente como para comprar un escenario como el Cine Teatro Plaza e iniciar otro debate inacabable. Lo cual es una pena, porque si bien para cada solución hay un problema, la DEMOCRACIA  es  recomendable en todo lo demás.

Antes de entrarle al castillo, una pequeña bravata yorugua, también apolítica pues recorrés nuestra historia desde Artigas, y no encontrás ni uno de nuestros mandatarios y líderes que disfrutara del lujo y la ostentación.  Desde Luis Alberto de Herrera que andaba con un forcito Anglia que daba vergüenza, hasta don Luis Batlle que veraneaba en La Paloma para que no lo vieran en Punta del Este, a todos ellos los ruborizaría el Palacio del Eliseo o la Casa Blanca. Ninguno quiso autos ostentosos,  todos caminaban por la calle sin  guardaespaldas y, por más que sus opositores los acusen una y otra vez sin pruebas suficientes (porque le hubieran sacado provecho electoral), absolutamente ninguno hizo una fortuna por ejercer el cargo. Algunos hasta se empobrecieron. Y ahí es donde te digo: ¡mostrame otro país que tenga esta tradición!

Bien, ahora sí y rapidito porque las fotos lo dicen casi todo, vayamos a este palacio que en portugués se denomina Palacio da Pena, pero en español se escribe Palacio de la Peña, lo cual es suficientemente descriptivo. Don Fernando II era de origen alemán y andando a las vueltas por la zona de Sintra, se encontró con las ruinas de un antiguo monasterio devastado por uno de los más famosos terremotos de la historia, el que en 1755 destruyó a Lisboa casi por completo y, seguido por dos tsunamis, causó 100.000 muertos. Algo realmente apocalíptico en un año signado por terremotos en todas las latitudes.

Aclaremos que casi todas las fotos son de la Wikipedia y que algunas otras son de http://guias-viajar.com/   un sitio que deberías consultar si te gustan los viajes.

 

Imagen de previsualización de YouTube (esta es la mejor)

La pareja real quedó enamorada del lugar y del paisaje que se veía desde lo alto. Seamos francos, don Fernando tenía buen ojo para el emplazamiento, pero la mezcla de estilos y propósitos, parece el producto de un diseñador pasado de vinho verde y oporto, bebidos uno tras otro sin parar. Ahí encontrás “desde neogótico hasta el neoislámico, pasando por el neorenacimiento y una visión pseudomanuelina que convierten el espacio en un ambiente claramente exótico” (por decir algo y copiando textualmente la Wikipedia).

Sigamos con la Wikipedia, que comenta que en las vertientes de la montaña se construyó un parque inglés, magnífico en todo, pero portugués en nada, a pesar de lo cual dada la flexibilización de la interpretación de las órdenes de los paisajistas, hoy pasa como un ícono de la arquitectura y el parquizado portugués.  También le buscan intencionalidad y tratan de justificarlo todo, pero ¡qué querés que te diga! el palacio y su entorno terminaron en una mezcolanza que singularmente terminó por ser genial. ¿Quién dijo que solo es genial lo armónico y ordenadito?

Durante la construcción del Palacio de la Peña, a pesar de mantenerse la estructura básica del monasterio, se hicieron alteraciones en casi todos los lugares. La torre cilíndrica secundaria, que se encontraba adyacente a la mayor, pasó a la parte de atrás del edificio. El arco de entrada flanqueado por dos torres, se decoró abusivamente para imitar al coral. Sobre este arco, sujetando una ventana superior, se colocó una figura en relieve de un ser híbrido medio-pez medio-hombre, saliendo de una caparazón, con una cabeza cubierta por cabellos que se convierten en un tronco de parra cuyas ramas están sujetadas por los brazos del personaje.  Se supone que es un Tritón y representa una “alegoría de la creación del mundo”. Podés pasar horas mirando al horrendo personaje sin atinar una explicación a esa interpretación.  El conjunto de las diversas garitas, las terrazas a distintos niveles y el revestimiento de las paredes con azulejos hispano-árabes son también elementos que destaca la Wikipedia.

La planta del edificio es bastanta irregular, ya que está condicionada al relieve montañoso de la peña y la existencia allí de una construcción previa, la Capilla de Nuestra Señora de la Peña. El resultado es un edificio con un núcleo cuadrado organizado en torno a un claustro, y otro edificio alargado. Todo se contorsiona y, aunque se respetan caminos para hacer las rondas de vigilancia, todo parece la obra de un arquitecto genialmente trasnochado.

Una escalera de caracol conduce al claustro, que cuenta con una arcada de dos pisos. En el primer piso, los arcos son totalmente semicirculares y en el segundo son achatados. Es de destacar, que cada columna de las arcadas del claustro es diferente a las demás, estando estas esculpidas en piedra. Alrededor del claustro pueden visitarse las habitaciones más notables de los habitantes del palacio. Todas las torres, menos la del reloj, poseen cúpulas. Los temas de inspiración escogidos fueron principalmente la arquitectura morisca y mudéjar de España y casi todas las obras manuelinas de Extremadura,  entre las que se encuentran: la Torre de Belém (decorando las garitas con cúpulas y los detalles de las almenas), el Convento de los Jerónimos (los vanos, la decoración y los frisos, el Convento de Cristo (el ventanal del Tritón) y el Palácio da Vila (los frisos de relieve gótico en las cornisas,y la propia realización del complejo).

Las rosas con cruces inscritas demuestran la genealogía del príncipe que se remontaba míticamente a la Hermandad de la Rosacruz del Siglo XVII, de la cual el príncipe fue gran maestre y, todavía más tarde, la Orden de Cristo, heredera de los Templarios. Y acá te aclaro que de los Templarios parece que nada quedó, pero  los Rosacruces siguen vivitos y coleando, lo cual me consta porque en algún momento me invitaron a sumarme, cosa que creo haber rechazado.

Si bien el Palacio fue una residencia de verano, acá se gobernó y acá estuvo buena parte de la Corte. Si en Google Maps te instalás en las Coordenadas: 38°47′16″N 9°23′26″O lo vas a poder ver y examinar los alrededores.  Está a corta distancia de Lisboa y se pueden contratar excursiones, durante las cuales verás un parque estupendo de 900 hectáreas, con especies que también muestran la sedimentación cultural que es Portugal, pues muchas especies fueron plantadas por los conquistadores árabes, amantes como pocos de la naturaleza y los parques.