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Lo mejor de 2012: ¿Por qué tantas aguas vivas?

Bichos bellísimos pero muy jorobones. Nosotros tenemos la culpa de que haya cada vez más. 

A este artículo lo rescatamos más bien por su oportunidad. Apenas el viento del Este haga que el agua oceánica aumente la salinidad, a nuestras costas llegan las aguas vivas para alternar con los bañistas. No es un manual ni mucho menos, pero ayuda un poco a entender a este animal, tan diferente a todos los demás.

Extraordinariamente extraños y misteriosos, hay algunos tan inocentes que podrías nadar con ellos, otros que podrían matarte, algunos como las “tapiocas” pueden medir menos de dos centímetros, pero hay gigantes de más de dos metros con filamentos de ¡más de 30 m de largo! Felizmente los que hay acá son simplemente molestos y picotones para la mayoría de la gente, aunque algunos de nuestros bañistas son especialmente sensibles a su tóxico.

Habrás leído que las tortugas marinas (algunas) comen aguas vivas  y que a veces se mueren por haberse almorzado una de esas bolsas plásticas que irresponsablemente dejamos libradas al medio ambiente y, boca de tormenta mediante, termina en algún océano. Pues deberás saber que las tortugas no son los únicos depredadores de medusas, hay muchos más y casi todos ellos pueden caer en las redes de pesca.

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Agua viva en Playa Mansa

Ese es el eficiente y cruel mecanismo de la naturaleza para mantener el equilibrio.  Muy linda la madre natura, pero no podemos negar que todo depende de que las especies se maten unas a otras con perseverante entusiasmo, el suficiente para lograr que  ninguna especie (salvo el hombre) prospere demasiado a expensas de las demás. Y lo peor, es que cuando el equilibrio se pierde, una especie prospera y prospera hasta que agota sus recursos, tras lo cual todo vuelve a empezar o todo ya cambió para siempre.

También está el asunto de calentamiento global y su incidencia en todas las cosas, lo cual tiene que ser cierto porque mucha gente entendida lo sostiene, aunque nadie logra explicar porqué la Isla de las Gaviotas frente a Malvín se mantiene idéntica hace al menos los 60 años que la conozco hasta el punto de saberme de memoria cada piedrita. ¡Ni un centrímetro de la altura del agua en su muelle cambió de lugar! Quizás en Malvín hay una inexplicable excepción a aquello de los vasos comunicantes o esto del calentamiento tiene algún misterio o chantada  que nadie reveló.

Inocencia y belleza, rasgos a veces compartidos. http://ohbblog.blogspot.com/2008_12_07_archive.html

Como todo el mundo habla de aguas vivas, salimos a buscar información en internet y nos encontramos con un extraordinario PDF de Gabriela Failla Siquier, una investigadora cuyo trabajo recoge el Almanaque del Banco de Seguros, una publicación que merece todos los elogios que se te ocurran. Es una de esas cosas que nos consuelan: mientras ese Almanaque exista porque la gente lo lee, los uruguayos no habremos caído en la incultura y la superficialidad. Bien, entonces recomendamos meterse de cabeza en http://www.bse.com.uy/almanaque/Almanaque%202010/articulos/parte-1/pdf/conociendo-al-plancton-gelatinoso.pdf y aprender las cosas en profundidad. De lo contrario, quedate acá e intentaremos una aproximación más ecuestre, pero con la mejor intención.

Dice Gabriela que “Los organismos con escasos elementos  de locomoción que flotan libremente en la columna de agua se denominan planctónicos. Se dividen en dos grandes categorías: el zooplancton, si se trata de animales, y el fitoplancton, en el caso de vegetales.

Las aguas vivas pertenecen a lo que califican como «plancton gelatinoso» el cual abarca una gran variedad de animales (son animales, no tengas duda) que se caracterizan por estar constituidos por más de un 90% de agua. Su cuerpo está formado principalmente por una sustancia inerte muy similar a la gelatina, llamada mesoglea, la cual posee una gran capacidad de retención de agua y además es la responsable de la flotabilidad y la transparencia que los caracteriza; por otra parte es el principal soporte mecánico del animal, ya que le permite conservar la forma e integridad de los tejidos.

Las aguas vivas o medusas (da igual) comprenden entre otras a las «tapiocas», a la esbelta y temible «fragata portuguesa» (Physalia), a Porpita y Velella.  Pese a el parecido, hay que diferenciarlas de los «peines de mar» (ctenóforos), muy abundantes en determinadas épocas del año.  Todos estos organismos están presentes, con mayor o menor abundancia, en la costa uruguaya, informa Gabriela.

Fragata Portuguesa y Porpita

 Velella y peine de mar

Si a pesar de que te picaron muchas veces, te había empezado a dar un poco de pena por las medusas, deberías considerar que de adultos o en su etapa larval, son consumidores de grandes cantidades de huevos y larvas de peces. Esto último puede generar grandes pérdidas económicas en las pesquerías de interés comercial.

La fragata portuguesa (Physalia), Porpita y Velella están muy cercanamente relacionadas con las medusas, pero a diferencia de éstas y aunque no lo parezcan, son organismos coloniales que flotan en la superficie del agua (se los llama «neustónicos»). Los «peines de mar», con su típica forma ovalada, son organismos muy frágiles. Tienen una serie de «peines» dispuestos en ocho hileras a lo largo del eje longitudinal de su cuerpo, que utilizan para la locomoción.

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Medusa gigante

COMO PICAN. A todo este bichaje, los expertos lo denominan “Plancton gelatinoso”, el cual comparte su particular manera de cazar su comida, que es produciendo una toxina que se concentra en cápsulas microscópicas que no solo se concentran en los filamentos, sino en la boca y en casi todo el cuerpo del animal. Dentro de la cápsula hay un filamento que se desenrolla y sale disparado como un arpón para inyectarte el tóxico justo en la axila, que es uno de los lugares donde más duele.

Dice Gabriela que La virulencia de la picadura depende por un lado de la peligrosidad de la especie y por otro del estado de salud de la persona, la edad, y su respuesta inmunológica. Los venenos son de naturaleza proteica y los más potentes son del tipo neurotóxicos (los que tienen las medusas «cubo», conocidas vulgarmente como «avispas de mar»), y afectan el sistema nervioso, el corazón, la vascularidad pulmonar y sistémica. Otros, menos potentes para las personas, producen efectos cutáneos locales acompañados generalmente de reacciones alérgicas.

Hay que tener en cuenta que la exposición prolongada al sol incrementa la sensibilidad a las picaduras, y si éstas son reiteradas pueden potenciar el efecto tóxico, lo que en algunos casos, especialmente en las personas alérgicas, pueden derivar en un shock anafiláctico.

Las medusas que comúnmente nos visitan en el verano en las distintas playas del país poseen, en términos generales, toxicidad moderada, y en la mayoría de los  casos las lesiones que ocasionan son como las de una quemadura: enrojecimiento de la piel, edema y dolor. La marca que deja este tipo de agresión puede durar más de dos semanas. No obstante es de destacar la presencia de Physalia y muy raramente de Tamoya (un tipo de medusa «cubo»), cuya toxicidad puede ser severa.

No te pican para atacarte sino para defenderse; no comen gente ¡gracias a Darwin! La dieta de estos bichos está compuesta por  larvas de todo tipo (cangrejos, camarones, peces), crustáceos y peces pequeños, además el canibalismo es un hecho frecuente entre los organismos gelatinosos.

QUÉ HACER. Aclaremos que mi búsqueda de información en internet no se limitó a Uruguay, aunque por comodidad y regionalidad, preferí la información en español. A propósito, en inglés a las aguas vivas se las conoce como “Jellyfish” y la invasión que observamos en nuestro país al parecer se observa en todo el mundo. Lo que quería realzar es que tras examinar someramente decenas y decenas de fuentes, esta publicación del Banco de Seguros destaca muy especialmente por su profundidad y confiabilidad.

En muchas de esas fuentes encontré remedios disparatados para quienes sufrieron picaduras de aguas vivas, hasta el punto de que algunos recomiendan orinar sobre el lugar afectado, una asquerosidad inaudita que sin embargo siempre aparece entre los remedios caseros para cualquier cosa. Abstenete de estas cosas, mejor guíate por lo que recomienda Gabriela:

1. Enjuagar inmediatamente la zona afectada con agua salada (nunca usar agua dulce). No frotar  con arena mojada ni secar la piel, mantenerla húmeda por un rato.

2. Aplicar vinagre en la zona afectada hasta que pase el dolor (no es efectivo para Physalia), también puede usarse alcohol o bicarbonato de sodio con menor efectividad, una bolsa de hielo (nunca hielo directo ya que es de agua dulce) ayuda a disminuir el dolor y el edema.

3. Aplicar una crema curativa en la herida. Si la reacción es más severa concurrir inmediatamente a un centro asistencial.

Los principales depredadores de las medusas son las tortugas marinas, en particular  la «tortuga siete quillas», que se alimenta exclusivamente de ellas. Un número variado de peces, aves y mamíferos marinos (estos últimos en forma accidental) también las incluyen en su dieta.

Habrá que revisar al dicho campero “todo bicho que camina va a parar al asador”, porque aunque a las aguas vivas no las comprenden los agregados “vuela”, “nada” y “repta”, el peor de los depredadores también se las morfa. Actualmente existen pesquerías de medusas para el consumo humano en 15 países, entre ellos China, India, Indonesia, Japón, Malasia y Filipinas.

No eran como ésta, pues en mi huída pude llegar a Florianópolis

Tampoco como éstas, tan cariñosas  e inocentes que atraen turistas

BALLET DE MEDUSAS

Hace tantos años que Yves Cousteau recién había estrenado su obra máxima, El Mundo del Silencio , tuve un “encuentro del tercer tipo” con un ballet de medusas. El filme había provocado una furiosa venta de patas de rana, máscaras y snorkels; yo era uno de los felices propietarios del equipito y me había sumergido frente a los acantilados de Punta Ballena, del lado de Solanas cuando todavía la llamábamos Portezuelo. El agua estaba tan transparente que en lugar de nadar, parecía que estaba volando.

Desde arriba de las rocas había visto que el mar parecía dividido en dos por una línea demarcatoria bien definida. Junto a la costa, esa área transparente, del otro lado, un área de agua más oscura y, en frontera algo extraño que deambulaba y algunas gaviotas que curioseaban y picoteaban. Estaba clavado que el agua más oscura era agua fría, recontrafría… Y lo que atraía la curiosidad de las gaviotas era una peregrinación de aguas vivas gigantescas, probablemente de medio metro de diámetro y con filamentos que superaban el metro de largo.

Mirada desde abajo, esa formación era como una pared que se apoyaba en el fondo de arena y todas las bailarinas nadaban al unísono para mantenerse unidas, andá a saber por qué causa si es que alguna había. Reflejaban el sol como si fueran de cristal y los bordes de sus copas se movían como el tutú de una bailarina. Eran indudables brazadas que las impulsaban a una velocidad que jamás volví a ver. Así es como se desplazan, como si fueran embudos nadando estilo pecho.

Más bien eran como ésta, que yace agónica y mutilada ya sin posibilidad de que la ciencia encuentre en ella algún principio activo capaz de curar andá a saber qué enfermedad.  Eso también es algo que lamenta la autora del artículo en el Almanaque del Banco de Seguros.

Como nunca tuve mayores problemas con su tóxico, me acerqué y toqué a algunas, un poco temeroso de provocar una reacción colectiva. Pero no ocurrió nada de eso, eran como organismos únicos e incomunicados, que en determinado momento se agremiaron para asistir a algún evento misterioso que coincidía con el cambio de temperatura del mar. ¡Pero qué cosas ve uno si vive lo suficiente!