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Día de la Tierra

Hay gente que no sabe dónde está parada y otra que transforma en negocio una conmemoración  sobre la cual debemos reflexionar.

Hay por ejemplo una movida de supermercados en España y el Evo Morales procura sacar provecho político de la conmemoración  que tiene lugar mañana 22 de abril en muchos países. Pero pocos muy pocos, incluyendo multitudes de ecologistas, saben arriba de qué  están realmente parados. Para empezar, ni Evo ni nadie puede asumir representación  de la Pachamama y aunque tuviera ese privilegio,  debía recordarla en agosto y no en abril. En la foto de portada, la celebración de la Pachamama por parte de indígenas quechuas y aymaras.

Dicen defender a los más pobres y a los indígenas, protestando airadamente contra la tala de bosques, pero no les penetra en la cabeza la idea de que los pueblos pobres necesitan más tierra para cultivar alimentos. ¡Claro que si te quedás sin bosques hacés pelota la biósfera! Pero si fueras más sincero y profundo, la Pachamama te diría que simplificar en exceso es una gigantesca tontería. Tampoco alcanza con odiar a los países desarrollados para creerse justo y progresista. Lo que sí necesitamos, es que todas nuestras actividades sean autosustentables, que todo pueda renovarse y que nada pueda agotarse.

Distribución de la vegetación en el Planeta, versus distribución de la emisión de CO2.

Esto viene al caso porque anda por ahí la versión de que el Día de la Tierra lo inventó Evo Morales en el 2009; pero no es tan fácil crear mitos en un tiempo en que nuestro querido planeta tiene disponible un mundo de información en Internet. El primer Día de la Tierra se celebró el 22 de abril de 1970, promovido por el activista ambiental Gaylord Nelson. Dice la Wikipedia que en la convocatoria participaron 2.000 universidades, 10.000 escuelas y centenares de comunidades. A raíz de esa movilización, el gobierno de Estados Unidos creó la Environmental Protection Agency y ahora los norteamericanos y sus corporaciones saben a quién están desobedeciendo cada vez que atentan contra el planeta, cosa que ocurre diariamente. Pero no me digas que la intención no fue irreprochable.

La Wikipedia continúa informando que en 1972 se celebró la primera conferencia internacional sobre el medio ambiente: la Conferencia de Estocolmo, cuyo objetivo fue sensibilizar a los líderes mundiales sobre la magnitud de los problemas ambientales y lograr que se instituyeran las políticas necesarias para erradicarlos.

Las Naciones Unidas celebran el día de la Tierra cada año en el equinoccio invernal (alrededor del 21 de marzo). El 26 de febrero de 1971, el secretario general U Thant firmó una proclamación a ese efecto. Al momento del equinoccio suena la Campana de la Paz en la sede central de la ONU en Nueva York y solo por ésto dan ganas de sumarse a una conmemoración con esos atributos.

La Campana de la Paz, en las Naciones Unidas. Suena, pero parece que no se oye.

¿A quién le pertenece el Día de la Tierra? A nadie, dirían la Pachamama y el Cacique Seattle (ver la publicación de mañana). El Día de la Tierra es una fiesta que pertenece a la gente y no está regulada por una sola entidad u organismo; tampoco está relacionado con reivindicaciones políticas, nacionales, religiosas, ideológicas ni raciales. Eso es lo que alguien con mucho seso puso en la Wikipedia, porque después aparecen los avivados de siempre y transforman una noble celebración en cualquier otra cosa a la que le puedan sacar provecho.

Lo que sí ocurrió en 1992, fue la Declaración de Río, que promueve el equilibrio entre las necesidades económicas, sociales y ambientales. Esa Declaración se había comenzado a gestar durante la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Humano realizada en Estocolmo. Y ya se sabe cómo muchos países que la firmaron con hipocresía, sin intención de cumplir los mandatos morales, arremetieron contra los países que no la firmaron porque muchos de sus postulados son todavía inviables y porque, además, les importaba un pito todo, desde el Cacique Seattle hasta el día de hoy.

Malthus, el Cacique Seattle y Ban Ki-moon, tres protagonistas de una tragicomedia sin fin.

El desarrollo sustentable es algo hermoso de expresar y difícil de cumplir. Que yo sepa, el primero que se planteó el desafío con criterio científico, fue Thomas Malthus, quien alertó que la población estaba creciendo a mayor velocidad que la capacidad para producir alimentos y describió las cosas que habitualmente ocurren cuando la gente está hacinada y hambrienta. Así lo dijo en su “Ensayo sobre los principios de la población´´, donde hizo pronósticos en los cuales no tuvo en cuenta la capacidad de la ciencia y de la tecnología para perfeccionar los métodos de explotación de la tierra.

Fue gracias a esos avances que el planeta está soportando en estos momentos 7.000 millones de seres humanos, una masa informe y aterrorizante que integramos y que está desplazando a todo el resto de la flora y fauna que está o se puso a nuestra disposición, no para que la masacráramos como lo hacemos, sino para que la administráramos con prudencia.

Ahora, como los seres humanos somos desordenados y jamás podríamos elaborar una cosa tan compleja en solo siete días, también contribuimos a la confusión y, si bien celebramos este Día de la Tierra, también celebramos el Día del Medio Ambiente el 15 de diciembre, cuando lo mejor hubiera sido respetar a la Pachamama y celebrarlo el 1º de agosto con rituales que, como veremos, son bastante naturales.

 

Una para la Pacha. Todo eso que puede expresarse con palabras difíciles, lo tenían claro los indígenas americanos, desde los pieles rojas de Seattle, hasta los centroamericanos que en su panteón divino tenían a “Tonantzin” y nuestros más cercanos andinos, que adoraban –y adoran- a la Pachamama o Mamapacha.

Los rituales de la Pachamama llegaron hasta Buenos Aires traídos por los inmigrantes y hoy es posible ver gente que no es ni peruana ni boliviana, que cuando se baja un vinito, primero riega la tierra para agasajarla, diciendo: “una para la Pacha”. Porque todos los dioses serán deletéreos, pero para los borrachines, siempre son seres a los que les gusta empinar. Es una manera brevísima, pero cotidiana, de practicar la “Challa” o tributo, que habitualmente se realiza no solo el 1º de agosto sino durante todo ese mes. Las ceremonias estaban a cargo de personas ancianas o de mayor autoridad moral dentro de cada comunidad (tomá nota, entre nosotros lo habitual es que pensemos que los ancianos son una carga y están siempre equivocados). En el caso del pueblo aimara esta persona recibe el nombre de ‘yatiri’.

La Challa o Challaco, tal como se practica en la zona estudiada por dos científicos argentinos, abarca una compleja serie de pasos rituales que comienzan en las viviendas familiares la noche de la víspera, durante la cual se cocina una comida especial, la tijtincha, y que culminan en un ojo de agua o la toma de una acequia donde se realiza el ritual principal a la Pachamama, con una serie de ofrendas que incluyen comida, bebida, hojas de coca y cigarros” .

Agradecele todo lo que quieras porque se lo merece, pero no me emborraches a la Tierra que bastantes problemas tiene.

La religión centrada en la Pachamama se practica en la actualidad en forma paralela al cristianismo, -dice la Wikipedia- al punto tal que muchas familias son simultáneamente cristianas y pachamamistas. En Perú, especificamente en Puno, la Pachamama es identificada con la Virgen de la Candelaria.

Todo lo cual será un poco polvoriento, pero menos erótico que las creencias de los griegos, para quienes antes que nada existiera había un tal Caos que se moriría de aburrimiento. La mitología, seguramente por pudor, no explica cómo se reprodujo Caos, pero lo primero a que le dio vida fue a Gea (¡una mujer! ¡qué asco dirían los monoteístas!) “la de amplios pechos”, que primero sin comercio carnal tuvo a Urano (el Cielo) y Ponto (la profundidad del mar). A partir de ese momento, la lujuriosa y terrestre Gea no paró de concebir, uno tras otro salieron todos los dioses, los cíclopes y hasta seres monstruosos como los Hecatónguiros Coto, Briareo y Giges, cada uno con cincuenta cabezas, que seguramente no se ponían de acuerdo entre ellas.

Todo muy poco práctico y un poco inquietante, ¡cómo querés que Aquiles no se enamorara de Patroclo! Me quedo por lejos con la Pachamama.

Imagen de previsualización de YouTube

http://www.youtube.com/watch?v=n7MttgJBOks

¿La dejamos aquí? De ninguna manera. No te olvides de agendar el fin de la tierra para el mes de diciembre según una descabellada interpretación del calendario de los mayas. Más atinado me resulta seguirla con la declaración de Ban Ki-moon, el Secretario General de las Naciones Unidas, quien dice que estamos expoliando al planeta sin darle nada a cambio y que “Quienes más sufren los efectos de nuestra gestión negligente son los más vulnerables del mundo: los que viven en los márgenes de los desiertos, las comunidades indígenas, los pobres rurales los habitantes de los sórdidos barrios marginales de las megalópolis cada vez más grandes del mundo. Para que estas personas puedan salir de la pobreza y prosperar necesitan, por lo menos, tierras fértiles, agua potable y un saneamiento adecuado”.

Con motivo de la celebración de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sostenible (Río+20) el próximo mes de junio, los líderes mundiales conversarán sobre cómo construir una economía verde, mejorar la coordinación internacional y erradicar la pobreza, que además constituye uno de los ocho Objetivos de Desarrollo del Milenio que se quieren lograr para 2015.

Nos convendría reflexionar sobre esto cada vez que arrojamos una bolsa plástica a la basura, desperdiciamos comida de manera atroz, contaminamos el agua, cortamos árboles sin reponerlos, matamos, atropellamos, agotamos, degradamos y, muy especialmente, aprovechamos esta necesidad del planeta, para sacar provecho propio durante una estúpida vida que es una circunstancia absolutamente fugaz, ni siquiera es una mota en el universo y mucho menos que eso en la eternidad.