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Providence, ¡qué poco se habla de ella!

 

Me interesé porque mi amigo José Claudio Escribano estuvo allí… y si él va, es porque uno no se debería perder a esta ciudad.

En el caso de José Claudio no lo movieron intereses turísticos, fue más bien una cuestión de valores cívicos comparados, que expuso en su columna “Auditar las democracias” en el diario La Nación, que tantos años condujo con mano certera. Y allí tuve el honor de conocerlo, pues La Nación y El País forman parte del Grupo Diarios de América.  Deberían leer su artículo en http://www.lanacion.com.ar/1464885-auditar-a-las-democracias , pues refiere a un tema que continuará dando que hablar varios años, hasta que los ciudadanos aprendamos a desconfiar de los populismos y a  ser más rigurosos en la elección de nuestros dirigentes.

Allí estuvo en la Universidad de Brown, donde se celebró la Sexta Conferencia Internacional Sobre Estudios Transatlánticos, organizada por el catedrático peruano Julio Ortega, que Ricardo Lagos, profesor visitante de esta universidad, ha expresado la necesidad de bajar a tierra los compromisos asumidos el 11 de septiembre de 2001 por los Estados Unidos y otros 33 países de América cuando firmaron la Carta Democrática de Lima.

Pero salgamos rápidamente de la política internacional antes que nos brote un sarpullido. Veamos la somera descripción de José Claudio: “Providence es una ciudad del este americano, que se extiende mansamente entre Boston y Nueva York, y a no demasiados minutos de Newport, el famoso centro veraniego que desde fines del siglo XIX deslumbró con las mansiones victorianas de los Vanderbilt, los Astor, los Hunter y los Rockefeller -The Breakers, The Elms, Marble House y tantas más-, pero que desde la Segunda Guerra y sin leyes de mayorazgo se halló sin fortunas personales que pudieran ya solventarlas. Ahora esas mansiones pertenecen al patrimonio histórico nacional y quedan como testimonio de una época en que el carbón, el acero, el petróleo y los ferrocarriles forjaban los imperios familiares que hoy se levantan, en un abrir y cerrar de ojos, desde los garajes y dormitorios universitarios donde encienden la chispa de la creatividad y la innovación los precoces genios de la electrónica y de la red global.

Eso es lo que nos pone en este punto: escribe sobre política pero no escabulle la oportunidad de describir un paisaje urbano, pues si bien  a un ser humano “nada de este mundo le debería ser ajeno”; a un periodista nada de ningún mundo le resulta ajeno. Y si suponen que separo a los humanos de los periodistas, suponen bien. Somos una especie extraña, o se nos tolera o se nos mata, como en Colombia.

Así que puesta la atención en Providence, voy a Google y descubro unas fotografías que te dejan pasmado y unos datos que te llenan una curiosidad que procuraré transmitir. No exageremos, invertir exclusivamente en la ciudad los más de mil dólares de pasajes, puede ser un desatino (¿o no?), pero como está muy cerca de Nueva York y de Boston, es una extensión ideal para una gira en la región. Es también la oportunidad de conocer una población que tiene las mismas características de cultura y de vida sosegada que nosotros decimos tener los uruguayos porque no nos tomamos el trabajo de comparar con otros lados.

En fin, que la capital del Estado de Rhode Island, el más pequeño de todos ellos, es un lugar adorable y con muchas cosas para conocer, de día, de noche, en auto o embarcado. Andá mirando las fotos y no te pierdas este video que es mucho más elocuente de lo que yo pueda escribir.

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Si ya te embalaste, conectate con http://www.goprovidence.com/ y mirá la información oficial, así como la hotelería y servicios que podés encontrar. Al final verás que, aunque pequeño en términos comparativos, el Estado de Rhode Island tiene muchos lugares interesantes para conocer.

Dice la web oficial (en inglés) que  Providence  fue fundado en 1636 por el predicador rebelde Roger Williams, quien se vio obligado a huir de Massachusetts debido a la persecución religiosa. Williams compró tierras a los indios de Narragansett y comenzó un nuevo asentamiento con una política de libertad religiosa y política. Él nombró a su nuevo hogar “La Providencia”, en agradecimiento a Dios por la protección durante su exilio de Massachusetts.

Fácilmente accesible por agua, la Providence  se convirtió en un importante puerto del Nuevo Mundo. Durante la Guerra de la Independencia, los artesanos y comerciantes de la ciudad suministraron vituallas a los ejércitos continentales y al francés. Con el auge del comercio, la ciudad creció y prosperó. Las tradicionales casas de madera dejaron lugar a mansiones de ladrillo como las que menciona José Claudio Escribano.

Sendos huracanes en 1930 y 1954 dejaron la ciudad en ruinas y cubierta hasta por dos metros de agua, hasta el punto que la ciudad detuvo su crecimiento y su prosperidad. Pero en la década del 70 Providence se reencontró con su destino y los ríos que serpentean dentro de la ciudad, se incorporaron al paisaje como gigantescos parques armonizados con una arquitectura que tiene notas locales bien definidas. En Water Place Park hay un anfiteatro escalonado para conciertos de verano donde se celebran festivales de renombre mundial como la Providence Water Fire.

Muchos musicales de Broadway se reiteran en Providence, donde también son famosas las veladas de ballet y teatro. Por sus calles es inevitable cruzarse con profesores y alumnos de las universidades de Brown, de Providence College, de la Universidad de Rhode Island y del afamado Rhode School of Design. Tan cultural como todo esto, pero mucho más sabrosa, es la Johnson & Wales University, orientada a la gastronomía.

No creas que te me vas a aburrir así nomás en Providence, pues después de haber salido de boliches que los hay en abundancia, te podrías tomar un tour a Blackstone Valley donde podés viajar en un barco fluvial, recorrer restaurantes de alta cocina famosos en la zona, andar en bicicleta junto al río Blackstone y hasta tomar el Expreso Polar si estás próximo a Navidad.

En Newport, que fue capital del Estado simultáneamente con Providence (¡!) es donde encontrás las opulentas mansiones de que hablaba José Claudio. También es la capital mundial de la navegación a vela y tiene museos y faros que se pueden recorrer en visitas guiadas.