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Puertito del Buceo, ¡qué recuerdos!

Hasta ahora todos los cambios fueron  para bien;  no te quejes pero mantenete alerta.

¿O me vas a decir que esa zona era mejor cuando por allí estaba el hospital de contagiosos Fermín Ferreira? ¿O cuando la parte de atrás del cementerio era un basural? En aquél  entonces hasta Gardel identificaba a la parte norte  como el Barrio de la Mondiola y había que ser muy guapo para andar por allí.

A los ingleses les gustó instalarse por allí para invadir Montevideo, a Oribe para comerciar y abastecer la fota que intentaba bloquear el puerto de Montevideo, pero Lecueder miró todo esto de otra manera. Durante el gobierno militar licitaron dos veces el predio del Fermín Ferreira y nadie le vio atractivo; el Cr. Luis Lecueder padre andaba en otra cosa y su hijo Carlos recién comenzaba a cavilar en serio.  Pensaba por ejemplo,  que la Ciudad Vieja, el Centro y el Cordón se estaban tugurizando y la ciudad necesitaba un nuevo polo comercial y de oficinas. El resultado fue el primer Shopping Center de esta zona del mundo, lo cual incluye a Argentina, Paraguay y creo que también a Chile. Montevideo Shopping se inauguró en 1985, con el país ya en democracia, lo que seguramente no es un hecho fortuito.

¡Cómo no van a estar contentos! Mirá la vista que le prometen a los propietarios de la nueva Torre Caelum.

Este artículo viene al caso por la más reciente torre que se incorpora al barrio, la Torre Caelum con sus imponentes 32 pisos a todo lujo. ¿Estaban ciegos los inversores en tiempos del gobierno de facto? Quizás no, quizás las inversiones necesitan un clima diferente a ese para aminorar los riesgos de perderlo todo.

¿Y ahora qué vas a hacer? ¿Poner el grito en el cielo porque las torres crecen como hongos y donde vivía poquísima gente, ahora hay muchedumbres felices de tener una de las mejores vistas de Montevideo y una de las áreas con mayor concentración de servicios de alta categoría?. No me parece. Si decimos que debemos mantenernos alerta, es porque si se les va la mano y si la Intendencia no cuida un patrimonio que es de todos, puede haber problemas con las aguas servidas, con el suministro de agua potable, electricidad y otras minucias. Entonces sería un caos; pero si los inversores no son tarados, ellos mismos cuidarían su futuro. Como se avecina gente adinerada, no hay que invertir en enseñanza ni en ninguna otra cosa, los privados se ocupan de todo y hay que cobrarles la infraestructura que corresponde a los servicios públicos. Y no es que esté haciendo catequesis de capitalismo; esto  es así por más vueltas que le des.  Ni un paredón para ricos cambia este proceso irreversible, solo pondría allí a otros privilegiados que no se rompieron el lomo para conseguirlo.

Un poco de arte fotográfico en Panoramio con el patrocinio de un barrio que evoluciona y lo hace bien.

Primero pongámosle límites al tema, no los de las jurisdicciones judiciales o policiales, sino los límites subjetivos que cualquiera le puede poner a cualquier cosa siempre que no moleste a nadie. Simplemente para saber de qué zona estamos hablando.

¿Vieron las dos fantásticas escolleras del “puertito” del Buceo siempre llenas de pescadores, bueno, ambas fijan los límites al sur;  después te venís por Larrañaga hasta Rivera y agarrás la bajada hasta el Cementerio Británico y de ahí hasta el mar. Será caprichoso, pero así es como yo veo a esa zona. Pero seamos generosos e incluyamos también al Cementerio del Buceo, el Museo Oceanográfico y las instalaciones de INAPE para investigación pesquera. ¡Mirá que hay cosas destacables en tan poca superficie! El limítrofe barrio del Buceo es otra cosa, tiene otra personalidad muy diferente y el boom inmobiliario todavía no atravesó Propios. Y no creas que no conozco el nombre actual de Larrañaga ni el de Propios; es que me rechina que anden zarandeando el nomenclátor por más mérito que tengan quienes protagonizaron los bautismos en cascada.

El “puertito” y el barrio que lo continúa hacia el Este, se denominan “del Buceo” debido al naufragio del galeón “Nuestra Señora de La Luz”  en 1752 y a los intentos por rescatar muchísimas monedas de oro  sumergiéndose bajo la superficie de un mar que era mucho más cristalino que hoy. Casi todas estas cosas las conocimos o refrescamos en la preciosa web del barrio (http://www.buceo.com.uy/nuestro_barrio/historia.htm) en tanto que las fotos las rescatamos de las invalorables Taringa, Skyscrappercity y, naturalmente, de los aportes que los usuarios de Google Earth cuelgan en Panoramio.

Ahora te preguntarás por qué en este barrio tenemos nada menos que dos cementerios con privilegiada vista al mar pudiendo estar en cualquier otro lugar. Lo mismo deberíamos preguntarnos respecto al Cementerio Central, pero es razonable pensar que en aquella época cuando nadie iba a la playa si no era para pescar o desembarcar, esas tierras menos valiosas eran razonables para inhumar gente. También está el hecho de que a poca gente le gusta un cementerio en su vecindario y poniéndolo de frente al mar, se reduce el contacto con el barrio en un 50%. O andá a saber, porque tarambanas no escasearon en ningún siglo.

Al Cementerio del Buceo lo inauguraron en 1872 y ¡era para pobres!. Si hasta había cortejos fúnebres en tranvía a caballos. El primer enterrado fue un carpintero español llamado Salvador Plá. Contra lo que popularmente se supone, el primer cementerio de la zona fue el “de los ingleses”, hasta antes de que hubiera nada parecido a un camposanto. Ocurre que durante la batalla “del Cardal” (1807), allí murieron varios soldados británicos y sus compañeros los enterraron, quizás donde hoy está el cementerio. Y esa sí que puede ser la razón de origen del cementerio por duplicado con connotación ontológica.

En 1835 se murió en San José un alemán protestante y masón de nombre Enrique Jakobsen y la iglesia se emperró en no permitir que se lo enterrara en un cementerio católico. Fueron imprudentes para el momento histórico en que se vivía, en el cual todos los cementerios del país eran monopolio católico. El 10 de octubre de ese año el gobierno dictó un decreto por el cual se le quitaba a la iglesia ese monopolio sobre los cementerios sostenidos por el estado para que todos sin excepción pudieran ser enterrados en un camposanto. Y casi podría decirse que Uruguay cambió para siempre, había nacido nuestro laicismo a ultranza.  Y también el cementerio británico, que al comienzo no se llamó así y tampoco era propiedad de una sociedad británica. Pero resultó el cementerio habitual de los cristianos protestantes y de los no creyentes con militancia; aunque ya no hubiera necesidad de eternidad por separado.

Más allá de todo eso,  ambos cementerios son realmente bellos, dignos de constituirse en un paseo cívico respetuoso del dolor de otros, tal como ocurre en Buenos Aires con el de La Chacarita o en París con el de Père Lachaise. Andá a saber p0r qué acá no hay hábito de visitar un cementerio solo por visitarlo para ver cómo es.

Hagamos un inventario del barrio consignado.  Casi en el medio de la pequeña bahía está la llamada Aduana de Oribe, el puerto del Gobierno del Cerrito.  En el extremo oeste están el Yacht Club Uruguayo, sus muelles, los astilleros y varaderos,  pescaderías y algunos restaurantes, continuados por roquedales una preciosa playita(en realidad son dos) aunque con aguas no muy recomendables por la suciedad de las sentinas de las embarcaciones por más cuidados que pongan. También el embarcadero de ADES la sociedad de salvataje, la minúscula islita puenteada por la escollera del este y, naturalmente los faros que iluminan los extremos de ambas protecciones de la bahía. Entre otras cosas, palmeras y besódromos incluidos.

No olvidemos el Edificio Panamericano, que nos dejó atónitos cuando se inauguró en los años sesenta. En realidad preveían dos de estos edificios y si no hicieron el segundo, podría ser porque si durante una sudestada sus habitantes abren las ventanas de uno y otro lado, salen volando como Pegaso, sin caballo, pero posiblemente acompañados por la heladera. En cambio al lado hay una boite que hizo historia y más allá, una parrilla donde llevamos a los invitados más exigentes. De hecho, en ese gran triángulo que cierra la Avenida 26 de Marzo hay restaurantes finísimos y para todos los gustos. Ahora la tendencia avanza hacia el norte.

El World Trade Center es junto con Montevideo Shopping otra de las genialidades del Estudio Lecueder, sin que ellos sean ni los únicos ni los más audaces inversores inmobiliarios en la zona. Ninguno perdió plata, todavía no se le ve el fondo al negocio.

Tampoco olvidemos que esta avenida se llama Rambla Armenia y que también allí está la Plaza Armenia donde la colectividad conmemora sus alegrías y el dolor de la herida aún abierta por su genocidio.

En el extremo Este tenemos una de las joyitas de nuestra querida rambla. El actual Museo Zoológico Dámaso Larrañaga tuvo como destino original en 1932 ser un “bar morisco” sea lo que sea esa singular denominación de un pueblo que tiene prohibido el alcohol (de día, según flexible interpretación). Luego fue Cabaret y la gente lo llamó Cabaret de la Muerte, como tantos otros en el mundo, pero en este caso por el Cementerio anexo. Hasta llegó a ser morgue, antes de transformarse en el bello museo que es hoy. Fijate cuán profundos son los cambios que tras pensar mucho qué hacía con ese formidable predio baldío, la Embajada de Francia instaló en mitad de esta rambla al Liceo Francés, toda una institución montevideana. ¿Faltó algo? Seguro que sí, pero algún lector nos ayudará con su memoria.

No queda ni recuerdo del Saladero original que hubo acá para surtir a las naves que se arrimaban para que las carretas les llevaran la mercadería; tampoco de los ranchos bohemios que tuvimos en toda la costa, y si alguno sobreviviera se le debería rescatar como testigo de un tiempo en que la muchachada se divertía tocando la guitarra y comiendo asados, en lugar de andar de madrugada deambulando con una botella de cerveza… en el mejor de los casos.

Andá mirando en lo que se transformó y reflexioná que lo perdido sin remedio, además de esos ranchos, es un infame hospital para segregar leprosos, algunos basurales con su dotación de ratas y poca cosa más. Todo lo rescatable allí continúa, conviviendo con la arquitectura inteligente que nos ha traído este milenio y que –es cierto- solo pocos pueden disfrutar de momento. En tren de suposiciones abyectas, podrías desear que nadie disfrute de nada hasta que vos también puedas tenerlo, es decir, lo que se conoce como “igualar para abajo”. Mejor pensá que aquellas casonas igualmente privilegiadas de El Prado y Villa Colón, hoy las ocupa la clase media, pues los ricachos de antes y de hoy, terminan perdiendo estatus no porque unos revolucionarios les roben la propiedad, sino porque las siguientes generaciones la derrochan y no quieren esforzarse como el abuelo para volver a generarla.

¡Mirá como la justicia distributiva se abre paso solita en el devenir sin necesidad de que nadie mate o se haga matar para beneficio de otros!

La imagen de Google Earth lamentablemente corresponde a un día con nuestro querido río particularmente revuelto seguramente por una crecida en el Paraná.

Ahora estás pronto para hacer un paseo pausado por lo que, a falta de mejor nombre, denominamos Puerto del Buceo. Lo mejor es hacerlo físicamente, pero ponele que estás en Toronto, entonces marcá estas coordenadas en Google Earth y date una panzada del mejor Montevideo:  lat=-34.9, lon=-56.1330556