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Buenos Aires vs. Milán

 

Ahora que dice, mire que sí, si uno está en Milán piensa en Buenos Aires y viceversa. Claro que lo mismo podría decirse de Madrid … pero Buenos Aires es una ciudad más tana que algunas peninsulares.

Nuestros vecinos no tienen nada que emparde a la Galleria Vittorio Emmanuelle (foto de portada) y los milaneses no tienen una Avenida de Mayo ni un conductor como Fangio. Salvo eso, casas más casas menos, tienen un espíritu semejante.

La semejanza la postula Horacio de Dios en la sección Turismo de nuestro socio GDA La Nación… y con buenos argumentos. Antes de que a algún yorugua extraviado se le ocurra saltar y reclamar patria, le aconsejamos que se aguante en el molde y no exhiba complejo de petiso porque nos averguenza a todos. Y que tampoco salga a investigar para ver si la milanesa es un invento uruguayo. Para empezar, en Milán no saben lo que es una milanesa, como en Hamburgo no tienen idea de lo que nosotros llamamos hamburguesa. En ambos casos piensan en una bruta mina, en lugar de en un almuerzo, lo cual pone en claro la angurria nuestra y la lascivia de ellos.


Ciertamente no es comparable con la Galleria Vittorio Emmanuelle, pero es tan imponente como aquella… o más.

Porteños y montevideanos somos muy parecidos porque ambos somos rioplatenses; las diferencias son una cuestión de escala y quizás del hecho de que ellos tuvieron proporcionalmente más inmigración italiana y nosotros más inmigración francesa … antes de que ambos nos subdesarrolláramos por voluntad propia.

He aquí el artículo de Horacio de Dios.

¿Qué tienen en común Milán y Buenos Aires? Mucho más de lo que suponemos si somos modestos: ambas ciudades integran la llamada Lista A.

El lugar en la lista no es un capricho ni se puede comprar. La nómina es el resultado de un estudio hecho por Peter J. Taylor y Robert E. Lang, y la A viene del título Alpha World Cities.

La ventaja que pudieron sacar con el Obelisco, la pierden estrepitosamente ante la Plaza del Duomo.

No es un ranking por tamaño. Hay megaciudades que no figuran, sin importar los millones de pobladores que tengan, y en cambio sí se incluyen otras con cifras mucho más bajas.

Lo que estos expertos miden son características sofisticadas. Por ejemplo, si las ciudades son reconocidas sólo por el nombre sin agregar muchos más datos, o el nivel de su atención médica.

En el cine o la televisión vemos que se habla de Milán o Buenos Aires con la familiaridad de Nueva York o Londres en cuanto a modas o tendencias de diseño. Lo mismo en calidad de vida para convivir con extranjeros, la confiabilidad de su sistema bancario o los servicios de tecnología (Internet, celulares con teléfonos inteligentes de última generación).

En materia de estadios me parece que, por ahora, ganan los tanos. Pero te aseguro que he disfrutado mejor comida italiana en Buenos Aires que en Milán.

La vida cultural es decisiva en el paralelo con La Scala y el Teatro Colón, la programación musical, el número de universidades y el volumen de estudiantes que hablan varios idiomas. También, la calidad de sus diarios. Hasta se tiene en cuenta la simetría de sus equipos de fútbol: el Inter o el Milán versus Boca y River.

Menos autos

Buenos Aires pierde en la comparación cuando se llega a un rubro decisivo para residentes y turistas: el transporte público. En Milán se desalienta el uso del auto privado y los taxis son escasos y caros; al revés que en Buenos Aires, donde abundan y compiten con los colectivos.

Por eso, porque todas las comparaciones son tan odiosas como útiles, los invito a navegar en la página de Trasporti Milanesi ( www.atm-mi.it ). Es un notable ejemplo de diseño práctico a la milanesa.

Al aggiornado transporte milanés no hay con qué darle.

Y hace juego con el estilo de la ciudad donde distinguieron a nuestro Tomás Maldonado y donde Georgio Armani fue vidrierista de la Rinascente.

Para simplificar las cosas, en Milán redujeron a sólo nueve zonas los 20 barrios y la primera, correspondiente al casco histórico, tiene límites con todos los otros. En pocas manzanas, está la Catedral, la Galería Vittorio Emanuele (iniciada en 1865, es el centro comercial mas antiguo en su tipo) y las calles con las vidrieras más exquisitas.

Milán no es un destino barato ni mucho menos salvo en su transporte popular, que tiene un precio justo para un servicio eficiente y rápido con paradas bien señalizadas donde no se necesita hablar italiano para entender.

El boleto cuesta un euro y permite combinaciones durante 75 minutos en subte, ómnibus y, sobre todo, tranvías, que son una maravilla. O 3 euros para manejarse todo el día sin límite de viajes. No hay paralelo posible con Buenos Aires, donde el pasaje ($ 1,10) cuesta cinco veces menos, pero se viaja mil veces peor.

Dos ciudades legítimamente orgullosas de sus teatros

Un sistema eficiente

Las principales atracciones están a distancia peatonal o a tiro de las tres líneas de subte, variedad de ómnibus y, en especial, de 19 líneas de tranvías, unos nuevos y otros antiguos, que circulan sin problemas desde 1928. Algunos son tan soberbios que recuerdan al Orient Express de Venecia.

Desde el centro llegué en el veterano Tramway amarillo de la línea 16 en muy pocos minutos hasta la Santa María delle Grazie, con La Ultima Cena, de Leonardo. Me la perdí porque no tenía entradas y hay que reservar con tiempo.

Ellos, como nosotros, saben que el uso de un auto privado en distancias cortas es un disparate que multiplica problemas de tránsito y exige paliativos tan complicados como volver a la doble mano donde había una sola (Pueyrredón, antes; ahora, Santa Fe). El automovilista promedio lo usa para menos de 40 cuadras y casi siempre viaja solo, lo mismo en Italia que en la Argentina. No hablemos de la dificultad y el costo del estacionamiento.

Por eso es tan interesante lo que muestra la citada página Web, con varios caminos para imaginar un sistema masivo eficiente, económico y compatible para luchar contra la contaminación.

Exceptuando a las argentinas, ¿a qué ciudad dirías que se parece Montevideo? Insertá tu comentario.