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La gran mentira geográfica

 

Vos que creés conocer mundo, capaz que sos tan ignorante como Colón, que nunca supo en qué continente había desembarcado.

¿Podés creer que todos nosotros fuimos aleccionados para admirar a Europa y el Hemisferio Norte y para cultivar un insoportable complejo de inferioridad geográfico? No es razonable que esto continúe ocurriendo en tiempos en que tenemos a Google Hearth  al alcance de la mano para revelarnos una realidad que rompe los ojos.

Lo que vos mirás habitualmente es el mapamundi de Gerardus Mercator donde el hemisferio norte aparenta mucho más grande que nuestro hemisferio sur, cuando en realidad nuestra área geográfica duplica a la altamente desarrollada, bonita, industrial e imitable. De hecho, el hemisferio norte tiene 30.410.100 en tanto que el sureño suma 62.107.400 kilómetros cuadrados, kilómetro más, kilómetro menos porque con un planeta que ni siquiera es esférico, las mediciones se hacen difíciles.

Mirá las diferencias al poner al Ecuador donde corresponde

Antes de que montes en cólera contra el pobre Mercator (1512-1594), tené en cuenta que el alemán procuraba facilitarle la vida a los navegantes de su época y del norte de Europa; esa asquerosidad del hemisferio sur era cosa de portugueses y españoles. Además, continuaba la tendencia de los “portulanos”, cartas mas bien náuticas, pensadas para manejar con brújulas, astrolabios y otros adminículos previos al portentoso GPS. Los portulanos más prestigiosos venían de Génova y Venecia, pero también se lucían los catalanes. El portulano que reproducimos era catalán, de 1375 y mostraba al Mar Mediterráneo como centro del mundo, pues así eran las cosas. El Ecuador como mitad exacta del mundo no era de recibo.

Mercator padre e hijo, seguramente favorecidos por la imprenta de otro alemán, Gutenberg, que inventó la democracia de las ideas sin habérselo propuesto.

Así que Mercator privilegió al hemisferio norte, ubicando el centro del mapa muchísimo más al norte. El resultado fue muy práctico para la navegación de ese entonces, pero absolutamente inconsistente para la comprensión de la forma de los continentes: de ninguna manera debería tomarse como referencia en la educación. A nosotros sudamericanos, nos enseñan a sublimar a los nórdicos hasta con los mapas. Para que veas que Mercator no tenía ninguna animosidad, mirá el mapamundi  que hizo su hijo, indicando correctamente la ubicación del Ecuador. Padre e hijo eran la misma cosa, inclusive el progenitor no llegó a terminar el famoso mapa.

Claro que para los cartógrafos, los navegantes y cualquier persona que se pusiera a pensar en el asunto, la tergiversación estaba muy clara, pero nadie hizo nada importante por restablecer la justicia hasta que llegó Arno Peters. Un alemán nos encajó una proyección discriminatoria y otro alemán restableció la justicia … aunque no del todo: el norte rubio y elegante estaba arriba y el sur pardito y tiranzuelo estaba abajo.

Arno Peters, Gerardus Mercator y el Norte abajo como quieren los chilenos, pero como lo muestran algunas ongs catalanas,  con el de Peters, para que sea todo más justo. Aunque dar vuelta las cosas no arregla nada.

Pero por algo se empieza. ¿Qué creen que dijeron los cartógrafos cuando vieron el mapamundi de Arno Peters en 1974? Le dijeron de todo menos que era bonito, pues ¡que osadía! un cineasta se atrevía a hacer un mapa con las dimensiones más justas, en lugar de continuar con aberraciones políticamente correctas. Peters, que murió en el 2002, nació en Berlín y se doctoró en cinematografía con una tesis sobre propaganda política. Lo cual explica su interés por un mapamundi que consagra todavía enojosos privilegios contra un sur que lucha por desarrollarse y comete sus propias atrocidades, sin necesidad de que el norte se las enseñe.

En realidad Mercator no fue el primero sino el más famoso cartógrafo que privilegió al hemisferio norte y con Arno Peters ocurrió lo mismo respecto a la representación más justiciera del planeta. Aunque la vastedad de fuentes demuestra el error, no resulta suficiente para que nosotros, nuestros hijos y nuestros nietos continúen siendo adiestrados en el error discriminatorio.

El mundo justo como indica Peters y el mundo injusto, como en realidad es, pues lo que hay no se arregla con mapas.

Andá y preguntale al nene si es cierto que casi toda Europa cabe dentro de Brasil. Si te mira como diciendo “siempre dije que papá está cada vez más idiota”, es porque las autoridades educativas de todo el hemisferio sur tienen una obediencia asombrosa al euro-centrismo. Es algo así como una confesión de “sudaca” deleznable.

Para comprobar hasta qué punto el usual mapa de Mercator nos induce a error y a complejo de inferioridad, te aconsejamos mirar el excelente blog de Gonzalo Fontanés (http://gonzalofontanes.wordpress.com/2007/09/12/el-mundo-real-de-arno-peters/). Descubrirás por ejemplo, que el Ministerio de Educación Chileno propone dar vuelta el mapa de Mercator tal como lo hizo Torres García en su momento, lo cual restablece la igualdad de los puntos geográficos, pues el Norte no es ni mejor ni peor que el Sur; así como la derecha no debería ser más “diestra” que la “siniestra”. ¡Estamos acorralados por los prejuicios!

Gonzalo también alerta que la discriminación es particularmente notable cuando se aprecia en el mapa de Mercator que Groenlandia aparenta tanto o más grande que Africa, cuando en realidad el continente tiene unos 30 millones de kilómetros cuadrados, cuando Groenlandia apenas tiene dos millones. Europa, que también parece tanto o más grande que América del Sur, resulta que tiene 10.180.000 kilómetros cuadrados contra nuestros 17.819.100.

El mundo es ancho y ajeno, tal como lo describió el peruano Ciro Alegría en 1941; eso no lo podemos remediar. Pero por lo menos, mostralo tal cual es.