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Cabo Polonio, Valizas, Aguas Dulces

Tres balnearios mágicos, con un estilo de vida natural que muchos consideran el mejor de todos. 


En Valizas hay un movimiento de vecinos que resiste la iluminación nocturna, que es muy confortable, pero te impide contemplar en su plenitud la vía láctea del hemisferio sur, ese estallido que nos llega desde el universo. Estas playas no son para los adictos a la comodidad, son para los que de verdad están apasionados por la naturaleza.
¿Ordenamiento territorial desordenado, casas en predios que no está claro a quien pertenecen? ¡Qué asco! Traigan un bulldozer y me las tiran abajo. Algunos sólidos argumentos tienen, pero por las mismas razones habría que tirar abajo ciudades como Amsterdam o Florencia. ¿Edificaciones que no respetan los 200 metros desde la máxima crecida? De nuevo, traigan los bulldozer, pero solo aquí, recuerden que Pocitos y Punta del Este están exonerados de esa reglamentación.

Felizmente la tendencia arrasadora cedió a un inteligente aprovechamiento de valores que atraen turistas de todo el mundo. Diferente es el caso del Cabo Polonio, que es y debe ser una reserva lobera y un templo de la biodiversidad.

Playas desiertas. La gente de todas las nacionalidades que camina con los pies en el agua, está ajena a toda esa controversia. Más les interesan los berberechos que emergen de la arena con cada pisada o los tatucitos que huyen desesperados ante la amenaza de tus pies. Tirate de rodillas, juntá algunos y llevalos al rancho para preparar una picada y saborearla con una caipirinha que alguien trajo del Chuy. O, satisfecha tu curiosidad, devolvelos al mar sin hacerles daño.

Grandes olas cristalinas, entre las cuales saltan las lisas alternando con  delfines, inundan todo con el aroma del mar. De noche, con cada brazada en esas olas, las noctilucas desafían las luces de Broadway. Horizonte y silencio, médano y libertad, retorno a la vida tribal. ¡Largá esa radio a transistores, este es el lugar ideal para leer tranquilo aquél libro complicado!

Cabo Polonio. La aventura comienza antes de llegar. Podés subirte en Valizas a uno de esos todo-terreno adaptados para trepar las dunas de 40 metros de altura (antes eran más altas, algún precio hay que pagar). Eso muy divertido, pero te dará bronca la música a todo volumen y el griterío de los que se creen ecologistas. Personalmente prefiero demorar más pero ir en carro tirado por caballos, desde Valizas o desde la Ruta 10, donde los paisanos esperan a sus clientes. También podés ir a pie o a caballo desde Valizas; es una experiencia inolvidable, pero reservada a la juventud.
Si querés ir solo por el día, podés tomar excursiones desde La Paloma y hasta desde la lejana Punta del Este. Hasta hay quienes organizan expediciones a caballo de varios días por el borde del mar o recorriendo las viejas postas de diligencias.
El problema es el alojamiento si vas a quedarte varios días. Hay cuatro o cinco posadas que suelen estar repletas en alta temporada y también hay muchos ranchos ofrecidos en alquiler. Hay que elegir y reservar con tiempo, abajo ofrecemos una lista de webs donde podés informarte. 

Asegurado el alojamiento por varios días, tirate al sol en la arena o junto a las rocas, en el caso de que no te importe compartir espacio con algún lobo de mar. Son mansos, particularmente los que llegan a la costa derrotados por los más fuertes en la lucha por el sexo; pero no te hagas el listo sin mirarle antes los colmillos.

Hasta podrías hacer nudismo sin que a nadie le importe un pito siempre que te comportes y te instales en la playa reservada para eso. A la noche, vestite, pues es de mal gusto caer a una  guitarreada en cueros. Guitarreadas las hay privadas pero siempre dispuestas a recibir a uno más y también las hay en los boliches, desproporcionadamente abundantes dado lo minúsculo que es el balneario. Conseguite una buena “colita de cuadril”, unos chorizos y como bobeando arrimate donde haya un fueguito. Lo mejor de Cabo Polonio es que si tenés buena onda, casi siempre sos bienvenido en cualquier grupo.  

Andá preparado para los cuentos de naufragios, submarinismo, ecología, música, fauna y flora, pues de eso es lo que se habla además de intentar arreglar al mundo. Ni se te ocurra hablar de un culebrón televisivo o de la modelo de moda.

Valizas y Aguas Dulces. Son más civilizados, pero tienen ese algo que Rousseau valoraba en “El Buen Salvaje”. En ambos, la ropa a la moda, los jeans y los championes (zapatillas de tenis, en uruguayo) de marca son mal vistos; la gente que llega aquí viene huyendo de la cholulez de Punta del Este. Que no te confunda el aspecto nada elegante de algunos; quizás venían en un BMW y lo dejaron en Castillos para que no digan que les gusta aparentar.

Castillos es un adorable pueblito con pretensión de ciudad, ubicado a 10 quilómetros de Aguas Dulces y a 15 de Valizas. Es el lugar donde se habla el mejor idioma castellano en todo el mundo. Castizo como ya no se lo habla en Castilla, casi académico aunque el vecino no haya terminado la escuela. ¡Flor de gente la de Rocha! Los vecinos de Castillos construyeron los ranchitos originales haciendo uso del permiso que les dio el dueño de esas tierras, un Comendador brasileño. El Comendador no tenía en orden sus papeles y un siglo después la propiedad territorial es un misterio insondable que el municipio y algunos ministerios interpretan a su manera.

En Valizas es imposible construir sobre el mar porque el arroyo se inunda con cada sudestada y limpia la costa de elementos extraños a su naturaleza. Pero en Aguas Dulces los construyen hasta con palafitos, dejando que las olas corran por debajo. Peligroso, sí, pero fantástico de ver y de disfrutar. ¡Si hasta podés zambullirte desde el dormitorio!

Paseos en la zona. Después que en cualquiera de estos balnearios  pescaste a la encandilada, recorriste la costa con tu pareja en busca de naufragios y romance, juntaste berberechos, tatucitos y caracoles, te comiste alguna tortilla de algas acompañada con licor de butiá (el fruto de la palmera local), probaste toda la comida casera que pudiste, compraste primorosa artesanía y alternaste con tanta y tan variada gente, capaz que te dan ganas de hacer alguna otra cosa.

Para eso está el Bosque de Ombúes, al cual se llega en lancha desde el puente del arroyo Valizas, donde -dicho sea de paso- te podés comprar algunos cangrejos sirí y algunos camarones, si es temporada. El arroyo desemboca en la Laguna de Castillos, rodeada casi por completo por un bosque de ombúes que pasa por ser el único en el mundo. No lo es, pero sin duda es el más grande que hay.  El ombú es el árbol más solitario que hay, pero acá le dio por ser gregario y lo es hasta tal punto que en el suelo no hay vegetación pues las raíces no lo permiten y sus copas cubren el cielo con un techo cerrado. Bruto bosque de ombúes, digno de ser recorrido minuciosamente en la parte permitida, lamentablemente poca. En la laguna los cisnes de cuello negro se pavonean y se asustan con el griterío del tero real, mucho más grande que el doméstico. Garzas hay a montones y con suerte podés ver algún chajá.

Hablando de bosques singulares, hay que resaltar lo más destacado de la zona, que son sus palmares repletos de fruta en temporada y de misteriosas leyendas durante todo el año. El ganado come los arbolitos jóvenes y los palmares están en riesgo, así que disfrutalo ahora.
En el horizonte de la laguna, está la Guardia del Monte, uno de los tantos puntos de vigilancia en la época de la colonia y también postas de diligencias y carretas. Está muy bien organizadita, se come muy bien y, reservando, hay alojamiento.

Todo esto no debería aburrirte, pero si eso ocurre, podés saltar de balneario en balneario, tirarte más al este hasta la Esmeralda, Punta del Diablo, Laguna Negra, fortalezas de Santa Teresa y de San Miguel y hasta el mismísimo Chuy; o hacia el oeste recorriendo la costa solitaria hasta Punta Rubia, La Pedrera y La Paloma, todos los cuales serán temas de próximos artículos. Con esto respondemos a los lectores que nos piden referencias de Punta del Diablo, esa joyita que comparte muchos valores de estos balnearios. Es que todos los balnearios del mundo son hermosos, pero pocos o ninguno despierta tanta pasión como los rochenses, todos ellos. Son necesarias muchas más que dos noches para descubrir las razones de tan profunda fidelidad.

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Hay fotos y foros interesantísimos en Taringa.com. Flickr.com yTripAdvisor.com. 

Algunas web útiles de la zona

www.portaldelcabo.com.uy; http://cabopolonio.com ; www.welcomeuruguay.com/cabopolonio

www.portaldevalizas.com.uy; www.casasenvalizas.com;  www.balneariosderocha.com.uy

 www.aguasdulces.com.uy; www.aguasdulcesnet.com ; http://casasenaguasdulces.com       

 

 Cabo Polonio

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Valizas
 
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Aguas Dulces
 

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